JUAN
JOSE IBARRETXE MARKUARTU
LEHENDAKARI
Salía
de Zumaia, triste, de despedir a un amigo, de decir adiós a José Mari, de
recibir una lección de dignidad por parte de su familia y de la gente de su
pueblo con su alcalde a la cabeza. ETA asesinando de nuevo... socialistas,
populares, nacionalistas vascos. Toda la sociedad vasca, todo el que no piensa
como ellos es objetivo de ETA.
Y
siendo esto así... ¿Qué hacer... cómo reaccionar... cuál debe ser el
comportamiento de todos los demás? Un camino esta claro; los demás, la inmensa
mayoría de la sociedad vasca, los partidos políticos, el lehendakari, debemos
desde un punto de vista ético y moral responder ante la barbarie con un
compromiso con la democracia sin fisuras, condenar la violencia sin fisuras,
manifestarnos contra ETA sin fisuras, trasladar nuestra solidaridad a las
familias y a las familias políticas o profesionales sin fisuras.
Pero,
¿nos debemos quedar aquí y admitir con resignación que no podemos hacer nada más
hasta que el que mata se convenza de que debe dejar de hacerlo, que hemos de
convivir con la muerte? O por el contrario hemos de pensar que desde mañana
mismo algo más habremos de hacer.
Condenar
a ETA y sus atentados, defender el derecho a la vida, la libertad, la democracia
es absolutamente necesario. Pero, ¿nos contentaremos sólo con eso, sabiendo que
es necesario pero no suficiente para alcanzar la paz y la normalización política
en la sociedad vasca? ¿Por qué no dialogamos entre nosotros para dar cauce de
resolución a nuestras diferencias políticas? ¿No sería éste un argumento clave
para que ETA dejara de engañar a una parte de la sociedad vasca? Porque con ETA
no tenemos nadie diferencias políticas. Las diferencias políticas las tenemos
entre los partidos políticos, no con los que están pegando tiros. Con ETA
nuestra diferencia la de todos- es previa, es ética y moral, es la de respetar o
no el derecho a la vida.
ETA
es quien mata de acuerdo- y tiene por ello no la máxima, sino la única
responsabilidad. Pero no podemos vivir así, el problema no es sólo con serlo y
mucho- unos trescientos locos pegando tiros y un grupo minoritario de
intolerantes apoyándoles, si fuera de esta forma la violencia hubiera acabado
hace tiempo. La cuestión es que ETA, querámoslo o no, tiene un apoyo social que
va más allá. Un apoyo social sin el cual no subsistiría y que en buena parte
además, al margen de mantener sus propias posiciones políticas, en los últimos
tiempos no entiende por qué ETA rompió la tregua, por qué ha vuelto a matar.
Entonces,
¿qué podemos hacer los demás, además de defender la ética democrática, para que
la sinrazón, la barbarie que no tiene ni ha tenido nunca sentido para nosotros-
deje también de tener sentido para mucha gente de «ese mundo» que, aunque a
veces nos parezca mentira, sin duda tiene corazón como nosotros y sabe que la
violencia es un camino hacia ninguna parte?
Ajuria-Enea
y el Documento Ardanza primero y Lizarra después, han sido intentos honestos,
basados en principios legítimos y democráticos y sobre todo en buenas
intenciones para alcanzar la paz. Pero como instrumentos, Ajuria-Enea y Lizarra,
están hoy invalidados. Discutir sobre los instrumentos hasta ahora puestos en
marcha es en todo caso una excusa, cuando la discusión hay que hacerla sobre las
alternativas a crear, sobre lo que hemos de hacer. De hecho, si en el futuro
tenemos nuevos acuerdos, éstos serán «nuevos», si tenemos algún día una nueva
tregua, ésta será «nueva». Esta claro, la creación es «nueva» o no es «nada».
Hemos
cubierto una etapa en la que no hemos logrado el objetivo, tenemos que abrir una
nueva etapa, hay que intentarlo una y otra vez, hay que aprender de los errores
cometidos. La clave no es repartir culpas acerca de cómo hemos hecho las cosas
unos y otros en el pasado ¡Dios santo! ni tratar de «dirigir» a la opinión
pública con manipulaciones escandalosas, ni solicitar que los que no piensan
como tú cambien de ideas o incluso que las organizaciones cambien de personas.
Somos nosotros, los que hoy tenemos responsabilidad en las Instituciones y los
partidos, cada uno con nuestras legítimas ideas los que tenemos que arreglar
este problema.
No
estamos en un momento de «echar balones fuera». Porque si los que «estamos hoy»
no aceptamos las ideas legitimas de los «otros», si ni siquiera reconocemos a
los líderes de los partidos diferentes del nuestro como interlocutores, lo que
deberemos hacer es en lugar de solicitar que los demás cambien de ideas y de
personas- marcharnos «todos» a casa reconociendo de esta manera públicamente
nuestra incapacidad. En definitiva, que no estamos a la altura de las
circunstancias.
He
realizado un repaso a las cosas «a hacer» y a las cosas «a no hacer». Estos
caminos resultarán sin duda insuficientes para alcanzar la paz y la
normalización política, pero son, como las rutas de aproximación para escalar
una gran montaña. No te sitúan directamente en la cumbre, pero sin superarlas
previamente es imposible alcanzar la cima.
Nosotros
también tenemos que trazar caminos de aproximación para hacer cumbre algún día.
En este sentido coincido con lo que desde los empresarios guipuzcoanos se esta
trasladando como la «Vía Korta». Vía que el mismo José Mari me trasladó
personalmente en Ajuria-Enea unos días antes de ser asesinado: «Para resolver
los problemas en esta vida hay que incorporar una dinámica de diálogo y
negociación permanente tal y como ocurre en la empresa, también en la política.
Hay que superar el miedo al fracaso, hay que arriesgar, hay que intentarlo una y
otra vez... Yo jamás critico al que lo intenta de buen corazón».
Tenemos
que abrir espacios de diálogo con inmediatez entre todos los que respetamos el
derecho a la vida y rechazamos todo tipo de violencia, con el objetivo de
negociar fórmulas que respetando siempre la voluntad de la sociedad vasca
expresada libremente nos permitan canalizar nuestras legítimas diferencias
políticas. Un espacio político y social basado en un contundente «no a la
violencia» y «sí al dialogo». Esto es lo que pienso y esto es exactamente lo que
hace unas semanas he presentado como lehendakari a los partidos políticos
vascos.
Para
esto hay que reconocer, desde la defensa previa del derecho a la vida, en primer
lugar, que tenemos entre nosotros diferencias políticas que no podemos ni
eludir, ni olvidar, ni esconder detrás del espantoso burladero de la violencia.
En segundo lugar, debemos admitir que todos nuestros proyectos políticos son
legítimos y que tienen que tener el mismo derecho para ser defendidos y, en su
caso, admitidos por la sociedad vasca. En tercer lugar, hay que dejar de
confundir interesadamente la violencia que practican unos pocos con las ideas
nacionalistas vascas legítima y democráticamente expresadas. Es preciso, por
último, que nos respetemos más si queremos convivir juntos. ¿Es posible convivir
si se rompen los lazos de afectividad? De la falta de respeto nace la
descalificación, el insulto y el progresivo alejamiento que propicia la quiebra
de la convivencia.
En
esta vida no hay elixires mágicos. Sólo ilusión por conseguir metas, formación y
constancia para alcanzarlas y un método: con discreción, «con extraordinaria
discreción», dialogar.... dialogar.... hasta el «amanecer del día siguiente».
No podemos caer en la resignación ni en el inmovilismo a pesar de los difíciles momentos que estamos viviendo. Hay que seguir trabajando. Yo, desde el compromiso firme con la democracia y la libertad, desde mis convicciones y respetando las convicciones de los demás, voy a seguir trabajando cada día. Recuerdo cuando aitite, mi aitite Ricardo me decía: «Juanjo recuerda que en esta vida nos vamos a la cama porque se hace de noche, no porque hayamos acabado nuestro trabajo».